sábado, 23 de julio de 2016

Minimalismo existencial

El minimalismo existencial, o panminimalismo —como también lo  llamé al comenzar a escribir el blog— es “ la aplicación del minimalismo a todas las esferas de la vida”.  El minimalismo tiene su origen en la arquitectura, pero el concepto ha permeado en otros ámbitos, como la programación, la música, la literatura, la gastronomía,  la decoración , y el arte y la tecnología en general.
Parece por tanto que tiene que ver con una cierta forma de vida inspirada por principios minimalistas en sentido amplio: simplificación vital, centrarse en lo importante, búsqueda de la felicidad,  psicología positiva, desarrollo sostenible, economía budista,  consumo responsable,  un ritmo más sosegado de la existencia (“slow food”, “slow movement”, “slow cities”, etc.), una cierta estética.
Hay, parece, una cierta reacción contra el materialismo, los excesos de la sociedad de consumo, la publicidad y la complicación artificial de la existencia.
Y todo desde un punto de vista práctico; es decir, es una ética práctica, una ética de la que se derivan métodos y reglas concretas y directamente aplicables.  Distintos minimalistas existenciales pondrán el énfasis en distintos aspectos éticos, estéticos y teóricos. –

Existencial  (¿y existencialista?)

El apellido existencial es importante. Hace referencia a la vida o la existencia.  Y permite emparentarlo con el movimiento más amplio en el que se podría insertar:  lo que Tim Ferriss, el autor de la semana laboral  de 4 horas,  llamó “Lifestyle design” , “diseño del estilo de vida” o simplemente “diseño de vida” en español.  Es algo más que una estética, es también una ética personal y práctica: nos permite decidir sobre el curso que queremos que tome nuestra vida.
El concepto “existencial” merece atención.  En cierta manera, todos diseñamos nuestras vidas al decidir seguir un camino u otro o  al tomar decisiones cruciales; pero el diseño de vida en el que se inscribe el minimalismo existencial hace  referencia  a una especial toma de conciencia  sobre nuestras  decisiones vitales y a la determinación de considerar la propia existencia como  objeto de creación. Y por lo tanto susceptible de ser inventado, diseñado y decidido.
Hay una conexión, por tanto, con el existencialismo: estamos condenados a decidir, no podemos no decidir. La esencia del hombre es que no tiene esencia. En palabras de Sartre:  “la existencia precede a la esencia”. La esencia es materia de decisión personal y subjetiva y nadie elige por nosotros. Somos arrojados al mundo –de repente nos encontramos existiendo— y tenemos que decidir cómo queremos vivir.
Es decir, tenemos que elegir nuestra esencia.  Y esto es algo subjetivo. Según  Victor Frankl: “el hombre tiene la voluntad de encontrar significado y sentido”. La decisión es individual  y es una responsabilidad personal:   “Entre el estímulo y la respuesta existe un espacio. En el espacio se halla el poder de elegir la respuesta. En la respuesta yacen el crecimiento y la libertad del ser humano”.
Y según el existencialismo de  Frankl siempre podemos elegir; en última instancia siempre podemos elegir nuestra actitud ante las circunstancias.
Dos caminos divergían en un bosque /yo elegí el menos transitado /y eso cambió todo.
–Robert Frost

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